Siempre fui sirviente, nunca fui rey
Algunos gusto me di, como el jorobado de notredame,
Un día cayo una estrella fugas en el patio del templo
Y me convertí en santo y demonio con mi propio reino.
Los días pasaron, los años avanzaron
Me apodere de tan bella estrella,
La cuide y la embellecí, se volvió parte de mi.
No hubo ser ni cristiano que fuese capas de tocarla
No hubo sacerdote alguno con tal devoción y amor.
El reino de este sirviente siempre gozo de buenas cosechas
Tan solo tenía un problema, el monje era grande y bruto.
Tan solo había otro problema, el clero, el rey y el pueblo eran la misma persona
Que triste decir que no hubo cosecha cuando se le perdió la estrella
El bruto rey, durmió con la boca abierta.
Los senderos a seguir eran claros y marcados
Pero mi esencia de sirviente, no entendía como comandar
Hasta que mate al rey y me saque la joroba,
Tomé mi lanza, mi caballo y emprendí la búsqueda
Sin saber ser rey, ni caballero andante, cabalgue a tientas por la niebla,
Encontrando su luz, me enceguesio su resplandor
Caí sobre la cruz de un lapida la cual llevaba mi nombre,
Los cuervos se acercaron y ella volvió al firmamento
Sobre mi sepultura creció un espino grande y frondoso,
Junto a él un alcornoque, estéril y torcido.
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