09 octubre 2007


Sin conciencia no hay culpa
Sin conciencia no hay pecado
Tengo mi conciencia tranquila
Aun así me siento culpable
No porque lo sea
Sino porque ya me han juzgado

नुन्का फुई रे

Siempre fui sirviente, nunca fui rey
Algunos gusto me di, como el jorobado de notredame,
Un día cayo una estrella fugas en el patio del templo
Y me convertí en santo y demonio con mi propio reino.

Los días pasaron, los años avanzaron
Me apodere de tan bella estrella,
La cuide y la embellecí, se volvió parte de mi.
No hubo ser ni cristiano que fuese capas de tocarla
No hubo sacerdote alguno con tal devoción y amor.
El reino de este sirviente siempre gozo de buenas cosechas
Tan solo tenía un problema, el monje era grande y bruto.
Tan solo había otro problema, el clero, el rey y el pueblo eran la misma persona
Que triste decir que no hubo cosecha cuando se le perdió la estrella
El bruto rey, durmió con la boca abierta.
Los senderos a seguir eran claros y marcados
Pero mi esencia de sirviente, no entendía como comandar
Hasta que mate al rey y me saque la joroba,
Tomé mi lanza, mi caballo y emprendí la búsqueda
Sin saber ser rey, ni caballero andante, cabalgue a tientas por la niebla,
Encontrando su luz, me enceguesio su resplandor
Caí sobre la cruz de un lapida la cual llevaba mi nombre,
Los cuervos se acercaron y ella volvió al firmamento
Sobre mi sepultura creció un espino grande y frondoso,
Junto a él un alcornoque, estéril y torcido.

LOBO


Todos nos miramos a los ojos
Sus dedos temblando, queriendo apuntar,
Mis ojos abiertos como el mar
En las miradas se veía el infierno.

Nunca las lágrimas habían sido tan profundas
Por ingenuo cayó el viejo lobo,
En sus días de agonía busco la soledad
Abandonadas las miradas recurrió a vagar.

El fulgor de la noche alumbrada por las miradas,
El ardiente estado de calamidad,
El cielo cerros los ojos,
La oscuridad dejo a las almas seguir en paz.

Triste con la muerte a cuestas,
Hablando con el bien y el mal,
Lobo solitario con sus colmillos gastados
Durmiendo en los brazos estrellados.

Las miradas ardientes inquisidoras
Se apaciguaron con las lluvias,
El viejo ya no quería ser recordado
El cielo lavó sus pecados y su cuerpo congelado.

Mientras los árboles cuidan la noche bulliciosa
Los recuerdos comienzan a desaparecer,
Se cumple el último deseo del moribundo.
Nadie se acordara de sus barbaries e ingenuidad.

Tan solo fue una brisa en el viento
No dejo legado terrenal,
Nunca fue el líder de la manada
Siempre trabajo en soledad.

Los días pasaron y la carne desapareció,
Solo quedaron los huesos dispersos,
En la tierra una gran mancha negra
Allí, ni mala yerba creció,
los restos, un brujo se los llevó.