Sus ojos se apoderaron de mi alma, me levantó lentamente por los aires, su respiracion la sentía cerca de mi piel, siendo que ella se encontraba a una distancia conciderable. Nunca volví a sentir esa sensacion, un solo grito y caí nuevamente al mundanal ruido de la ciudad sucia, gris y atestada de represión, sus ojos se fueron, salieron corriendo, escapando de la policia ciudadana aquella que la persigue y la trata de condenar, espantado nuevamente por la situación, caí de rodillas, observé la triste persecución, nunca más volví a sentir sus ojos observandome, nunca más volvió a mirar. Los perseguidores la cegaron por la eternidad, tan solo por observar más que mirar, tan solo por dar más que recibir, por que era capaz de hipnotizar con sus ojos y no doblegar con la fuerza, poco a poco fui perdiendo la visión y fui viviendo en penumbras, es el último recuerdo antes de mi desaparición.
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