04 junio 2009
EMPRENDER EL VUELO
Al viajar por la gran ciudad, por las callejuelas de la vida, nos encontramos por casualidad frente a la gran catedral, nos miramos, nos gustamos y recorrimos todos los rincones de la capital, amándonos, besándonos, deseándonos, viendo el amanecer y abrazándo el atardecer, dormimos, caminamos y soñamos en un mañana lejos de nuestras cadenas. Eramos jóvenes, con fuerza suficiente como para comernos el sol. Todo cambio aquella tarde en que ella me propuso escapar, viajar por el mundo, conocer y disfrutar la libertad de nuestros cuerpos. Apegado a mi terruño, mientras una lágrima recorría mi acongojado rostro, le dije von voyage y ella, sin decir adiós, emprendió el vuelo y desapareció entre los edificios grises, elevándose más allá de donde la mirada alcanzaba observar. Y yo, joven aturdido por la accion, me quede picoteando las migajas que me daban los ancianos en aquella plaza frente a la catedral.
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1 comentario:
A veces nos gana el temor ante lo desconocido.
Muy buen texto. Saludos
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