
Jugaban en sus días de infancia a ser grandes,
Enamorándose de príncipes y doncellas
Apreciando la primavera y su florecer
Queriendo ser más que sus padres.
Al pasar los años los juegos cambian,
Al pasar los años se dan cuenta de su desgracia,
Tantos golpes y abuso de la vida,
Los trasladaron a las calles sangrantes.
María Cristina abre las puertas de su negocio en la vereda de la vida,
José Miguel, juega con un tarro de neopren.
Sus padres se perdieron tras la luz de un tren,
María 15 y José 10.
Bajo la luz de las callejuelas del puerto
María Cristina conoce a su príncipe,
Le cobra un papel de coca y una botella de licor
María juega a ser grande, mientras su príncipe supera los 46.
Ya nadie sabe donde terminara ella
José busca la respuesta en una botella de kerosén.
Encontraron el cuerpo de una niña bajo una escalera del puerto
De donde un perro hambriento salió con uno de sus pies.
José siguió su rumbo separado de su hermana,
Hambriento entro en un convento,
prendiendo fuego a la virgen María,
¡Porqué me dejaste en llamas, madre mía!.
Tras años de dolor,
paga cadena perpetua por asesinatos y violación.
1 comentario:
Este es uno de los mejores poemas escritos, te dije en aquel comentario en la página, que tu voz es auntentica, inconfudible, y que demanda siempre a ser escuchada. Apunta certeramente a la sociedad inhumana, de hoy.
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